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Alimentación en la tercera edad

El envejecimiento es un proceso progresivo natural, tanto físico como psíquico, que cada persona sufre con distinta intensidad. Es una etapa del ciclo vital que, inicia en la fase final de la edad adulta (60-75 años), le sigue una fase de vejez activa (75-85), y por último, la fase de senilidad o demencia senil, a partir de los 85 años.

A lo largo de estas etapas, tienen lugar alteraciones estructurales y funcionales que conducen a una disminución de la capacidad del individuo ante situaciones adversas del medio externo o interno. El correcto mantenimiento del estado nutricional es muy importante, si es deficiente aumenta la susceptibilidad a las agresiones y disminuye su capacidad de respuesta y recuperación. Mantener una buena nutrición durante toda la vida, constituye un factor determinante en la calidad de vida que podría esperar una persona en sus últimos años.

Al llegar a la tercera edad, el organismo presenta una pérdida de masa muscular, disminuye la densidad ósea, y se originan movimientos más torpes y lentos, resultado de una escasa movilidad de las articulaciones. Además, la capacidad para obtener nutrientes con la alimentación disminuye porque se ve afectado el aparato digestivo, la dentadura y la producción de saliva. Las secreciones del estómago disminuyen, provocando que se ralentice la digestión y por tanto, la absorción de vitaminas. Asimismo, se produce una dificultad para masticar, tragar los alimentos y elaborar saliva, provocando gases y estreñimiento. Además, se incrementa las posibilidad de padecer enfermedades tipo diabetes o hipertensión (patologías estrechamente vinculadas a la alimentación).

Las personas mayores deben seguir una dieta equilibrada y ajustada a sus posibles problemas de salud.

A pesar de la disminución del gasto energético, las necesidades de proteínas no se ven afectadas sin embargo, la carencia de las mismas puede alterar la salud y provocar fatiga.

Es conveniente consumir un 60% de proteína animal (carne, pescado, huevos y lácteos), y un 40% de proteína vegetal (legumbres, frutos secos). Los lácteos son indispensables, ya que aportan calcio para prevenir enfermedades como la osteoporosis.

Respecto de los hidratos de carbono, son perfectos por su fácil digestión (legumbres, arroz, vegetales, cereales,…).

Las grasas deben componer un 25% del aporte nutricional, sin embargo no se debe abusar de ellas. Sin eliminar toda la grasa de la dieta, hay que procurar consumir grasas monoinsaturadas en un 15% (aceite de oliva).

Atención con los azúcares, podría dispararse la glucosa en sangre, provocando un desenlace negativo.

En cuanto a las vitaminas, incrementar el aporte de vitamina D en la dieta, en especial en personas con poca movilidad y, escasa o nula exposición al sol.

También es aconsejable incrementar alimentos con vitaminas A, B y C.

En cuanto a los minerales, los más importantes son el calcio y el hierro que, con frecuencia existe carencia. El consumo de productos lácteos, y la exposición moderada al sol para obtener vitamina D, es imprescindible para el metabolismo de calcio. Las carnes rojas, las vísceras, los pescados, la yema de huevo y las legumbres son muy ricas en hierro. Igualmente, e fundamental controlar el sodio para prevenir el aumento de la tensión arterial.

Hay que poner especial atención con la deshidratación, el mecanismo de la sed se ve fuertemente alterado. Se ve reducida la capacidad funcional en el riñón y existe riesgo de estreñimiento, conviene incrementar la ingesta de líquidos con agua, infusiones o caldo hasta los dos litros diarios.

Procurar la realización de actividad física moderada, siempre dependiendo de la movilidad. La recomendación, cuando sea posible, es la de mantenerse activo durante 30 minutos al día.

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¿Cuáles son los errores más frecuentes en la alimentación de la tercera edad?

Entre las personas mayores, existe un grupo de riesgo de padecer desnutrición. Algunos errores ponen en peligro su estado nutricional.

  • Es muy frecuente habituarse a los platos precocinados, generalmente a consecuencia de dejar de cocinar. Son alimentos perjudiciales por su alto contenido en conservantes, grasas, sal y azúcares que pueden elevar los niveles de azúcar y colesterol.
  • Tienden a eliminar alimentos de la dieta como, la carne (dificultad al masticar) o los pescados (miedo a las espinas). Hay que buscar alternativas para que tengan una fácil ingesta como, comer las carne picada tipo albóndigas o, incluyendo el pescado triturado al puré de verduras, por ejemplo.
  • El estado de deshidratación puede tener graves consecuencias como, una disminución de la conciencia, confusión mental o irritación.

¿Qué peligros conlleva la edad avanzada frente a la nutrición?

  • La pérdida de visión dificulta la capacidad del adulto de la persona para la selección de alimentos y la lectura de normas de elaboración, con riesgos en la manipulación.
  • Las personas de edad avanzada pueden ser incapaces de detectar si los alimentos están muy fríos o muy calientes, aumentando el riesgo de sufrir lesiones en las mucosas.
  • La sensibilidad olfativa también disminuye, al igual que la capacidad para identificar los olores agradables, con el consiguiente desinterés por la comida.
  • Disminuye la sensación de sed, lo que puede llevar a la deshidratación.
  • Con la edad se observan una serie de cambios en el sistema gastrointestinal que, tienden a dificultar la digestión y modificar la absorción de nutrientes.
  • Los dientes se vuelven más frágiles, aumentan las infecciones periodontales, causando una pérdida total o casi total de dientes..
  • La depresión es frecuente, principalmente en mayores de 65 años que viven en algún tipo de institución. La comida y el ambiente les resultan desagradable, más si le sumamos el traslado del entorno familiar.

La malnutrición es un estado derivado de una dieta incorrecta, desequilibrada o insuficiente, o por una metabolización inadecuada de los alimentos. En cualquier caso, hay una serie de signos que pueden alertar de un estado nutricional deficiente, como: una acusada pérdida de peso, falta de apetito, anemia, pérdida de vista por la falta de vitaminas, facilidad de hemorragias causada por la carencia de vitamina K y un progresivo deterioro de la demencia.

Ante la duda, un buen reconocimiento médico puede detectar los signos de malnutrición en el anciano.

¿Cuáles serían las pautas correctas para una nutrición adecuada?

  • Comidas ligeras, sencillas y de fácil preparación. Los alimentos deben ser fáciles de masticar y deglutir.
  • Beber líquidos entre comidas (zumos, batidos…), y agua para mantenerse hidratado, especialmente con el calor.
  • Incrementar el consumo de alimentos que contengan fibra (legumbres, verduras, hortalizas y alimentos integrales.
  • Incidir en los productos lácteos, yogures y queso, para cubrir las necesidades de calcio.
  • Mantener en la medida de lo posible, los gustos y hábitos personales para evitar caer en la inapetencia.

– En muchas ocasiones, es frecuente la disminución de las facultades mentales y el deterioro cognitivo, afectándoles en su capacidad para planificar las comidas, la compra, incluso el consumir alimentos. Las alteraciones neurológicas degenerativas como la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de Alzheimer o cualquier otro tipo de demencia tienen consecuencias negativas sobre la alimentación. Desde una simple rareza o negación, hasta la incapacidad para comer solo.

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